miércoles, 19 de octubre de 2011

Yo soy tonto. Pero tengo algo que decir


Vaya por delante que yo soy tonto. Es una obviedad, pero me gusta recordarlo. Soy tonto porque veo las cosas mucho más simple de lo que son, y además soy tonto porque no tengo la gran capacidad de análisis de nuestros representantes políticos, periodistas, escritores, contertulianos y demás especies de “opinadores sociales”. Vaya, que ellos saben más que yo, y por tanto, mis opiniones son totalmente prescindibles e innecesarias.
Aún así, me voy a aventurar a exponer mi opinión sobre el Corredor Mediterráneo.

Hagamos memoria.  En 1998, siendo Pasqual Maragall presidente del Comité de las Regiones de la UE ya proyectó un futuro para el transporte de mercancías y viajeros basado en lo que hoy se conoce como Corredor Mediterráneo (en adelante CMed).  Maragall “exigió” a los responsables del Gobierno de Aznar y de la UE que se apostara por “entrelazar” los grandes puertos del Mediterráneo con las grandes poblaciones y a su vez darle salida (o entrada) hacia la Unión Europea a través de Francia. El Gobierno de Aznar tenía en mente las obras de AV que unieran Madrid con Valencia y Barcelona, dejando el sur del País Valenciano y el norte de Catalunya fuera de aquel proyecto. También “censuraba” el avance hacia las regiones de Murcia y de Andalucía, donde se encuentran dos de los puertos más importantes del Estado.
La propuesta quedó allí, en el cajón de las propuestas, durante todo el periodo de la mayoría absoluta de Aznar (2000-2004)
En 2004, más que con la llegada de ZP al Gobierno, fue otro socialista catalán, Josep Borrell quien desde su cargo de Presidente del Parlamento de la UE retomó aquella iniciativa de Maragall. Así se abrió un proceso que ha durado 7 años y durante el cual se han presentado varios – y variopintos – proyectos de “ejes ferroviarios” a la Comisión de Transportes de la UE.
Hasta aquí, solo un refresco de la memoria. No me voy a extender más. Saltemos a la actualidad.

Hace unas semanas, el Ministerio de Fomento declaró como prioridades para el Estado cuatro “corredores” ferroviarios. Entre ellos, cómo no, estaba el CMed.
Seguramente por estar inmersos en una precampaña electoral, muchas fueron las voces, autorizadas o no, que se dedicaron a pregonar la “centralización del Estado” al no apostar claramente por el CMed. Esto era falso, y los voceros lo sabían perfectamente. El Gobierno de la nación siempre apostó claramente por este proyecto, aún posicionándose en contra de otros, dando el rango de “prioritario”, a un proyecto que no tan solo lo es, sino que además es necesario.
He llegado a leer barbaridades. Barbaridades en boca de algunos miembros del Govern de Catalunya y barbaridades en boca de algunos Eurodiputados que, al igual que yo, sabían perfectamente que el CMed iba a recibir el respaldo total y absoluto de la UE. Lo qué pasa, entiendo, es que al estar sometidos bajo la presión de las urnas, es mucho más fácil tirar la piedra y esconder la mano que no reconocer cuando un “adversario político” es capaz de lograr un éxito del que nos tenemos que felicitar todos y hay que felicitar a todos. Sin etiquetas.
Duele leer que la UE ha “enmendado” la plana al Gobierno de ZP, como acaba de declarar un Eurodiputado de CiU. Y duele porque él sabe que está faltando a la verdad. La UE no ha presentado ningún proyecto para la elaboración del CMed, sino que ha dado el “visto bueno” al proyecto que ha presentado el Ministerio de Fomento. Sí, ese mismo que depende del Gobierno de ZP. Por tanto, afirmar con esa ligereza que la UE ha “enmendado la plana al Gobierno” es falso. El proyecto era del Gobierno, no de la UE. ¿Tan difícil es entender esto? A veces pienso que algunos de nuestros políticos nos toman por idiotas. Y yo solo soy tonto.

Hoy hemos dado un paso de gigante en lo que a materia de infraestructuras ferroviarias se refiere. Ni voy a agradecer nada a nadie, ni voy a recriminar nada a nadie. Es lo que teníamos que hacer y es lo que hemos hecho. Todos. Por tanto, felicitémonos todos y dejemos los reproches preelectorales para más adelante.
Hoy toca recordar que aquel sueño de Pasqual Maragall se está cumpliendo. Hoy toca recordar a todos aquellos políticos, entidades sociales, empresariales y económicas que llevan años reclamando y apostando por vertebrar todo el litoral mediterráneo en torno a una arteria vital para el desarrollo social y económico de las Regiones. De aquella Europa de la Regiones de la que tanto se hablaba y que poco a poco hemos ido diluyendo en el tiempo.

Sigamos trabajando. Como alguien acaba de publicar vía twitter, “Ya tenemos el camino. Ahora hay que llenarlo”. 8 años pasan volando. Demasiado deprisa para enfrascarnos en disputas partidistas. Pongámonos a trabajar todos en un mismo sentido y hagamos más fácil este camino que hemos abierto no tan solo por nosotros, si no por las generaciones futuras que esperan que estemos a la altura y sepamos dejarles una sociedad mejor de la que nosotros pudimos heredar.

No voy a dejar de felicitar al President de mi País y a todo su Govern. A ellos les toca rentabilizar este éxito colectivo. Pero también a todos aquellos que, desde Maragall, han ido año tras año invirtiendo en el proyecto del CMed, y sobre todo, invirtiendo en ilusión y futuro.

Y ahora, lo dicho, pongámonos a trabajar.


viernes, 7 de octubre de 2011

Carta a mi padre. Desde el hígado y no desde el corazón


Hola, papá. ¿Qué tal? Nada, que quería escribirte unas letras.
¿Sabes? No vuelvas a ponerte enfermo, ¿vale? Ya sé lo que piensas, además lo hemos hablado. Llevas tres operaciones del Colon, y la última vez el cirujano nos dijo que si había una cuarta ya no quedaba intestino para extirpar.
Mira, se que eres fuerte. Pero también sé que guardas tu dolor para ti. Aguanta lo que puedas, aún te quedan cosas por ver.
Quizás te sorprenda mi carta, ¿verdad?, tan solo quería explicarte como están las cosas por aquí.
Hoy he leído una noticia en un diario nacional (El País, edición Catalunya. Pág. 3). Resulta que la Consellería de Salud ha establecido un baremo para el acceso a las listas de espera. Ya de por sí es curioso que sean los políticos los que regulen el acceso a estas listas, obviando, incluso rechazando la opinión de los profesionales. De los médicos. En fin, cobran para hacernos la vida más fácil y ojalá fuesen capaces de conseguirlo. Ya me conoces, sabes que pienso de la política y de los políticos. Son un mal necesario y tengo el dudoso honor de apasionarme con ella, y a veces hasta con ellos.
Pero, no quiero desviar el tema, papá.
Como te decía, he leído algunos puntos del Baremo que quieren aprobar. Es, para que me entiendas, una especia de clasificación según los méritos o deméritos de los pacientes. Te explico.
Por ponerte un ejemplo sencillo. Vamos a coger tu caso particular, ¿vale?
Bien, eres una persona mayor, de tan “solo” 74 años. No tienes nadie a tu cargo y evidentemente no trabajas. Tampoco necesitas alguien que te cuide, ya está la mama, que tiene lo suyo también. Pues, como te decía, si aprueban este Baremo, difícilmente accederás a una lista de espera. Es igual si estás grave, es igual si es urgente, es igual si te va la vida en ello. Para nuestros políticos eres un número, y no merece la pena que la Seguridad Social pierda el tiempo, ni los recursos, en operarte. Sí, aquella misma Seguridad Social que tanto y tanto os costó a ti y a los tuyos de tirar adelante. ¿Te acuerdas de Ernest Lluch, verdad? ¿Qué será de su memoria y de su legado?
Mira, según el Baremo “La limitación para trabajar puntúa de 10 a 14 en función de las dificultades que implica la enfermedad en la vida laboral. Si el paciente no trabaja, la puntuación será siempre cero”. ¿Lo ves? Tú, después de estar 49 años de tu vida trabajando no tienes ningún punto. Como no trabajas, ya sabes. Ah! Pero piensa en los millones de personas que no trabajan o no pueden trabajar… mejor no lo hagas. No pienses en eso no vaya a ser que te reviente el poco intestino que te queda.
Hay más. “El paciente del que dependa otras personas obtendrá entre 6 y 8 puntos, en caso contrario, como ocurre con los ancianos, no puntuará”. Creo que ya lo verás más claro. Los ancianos molestáis. Pero no tan solo vosotros, sino todo aquel del que no depende nadie. Sigo, “El hecho de que nadie le cuide supondrá de 9 a 11 puntos, ninguno si dispone de alguien, algo habitual entre personas mayores”. Esta ya es por si te quedaba alguna duda. La suerte que siempre hemos hablado que tenías de no necesitar ayuda, ahora se vuelve en tu contra. Que cruel se vuelve la realidad, padre.
Sí. Has leído bien. Te lo simplifico. Tú no trabajas, nadie depende de ti y te bastas para cuidarte. Total 0 puntos. Yo, que trabajo y que tengo un hijo que depende de mí puedo llegar a alcanzar 22 puntos. Es decir, en igualdad de condiciones de salud, con la misma patología y el mismo tratamiento, a mi me atenderán – y me operaran – mucho antes que a ti.
Lo siento, papá. Eres un estorbo para estos dirigentes. Sí, ya sé que te recuerda a ciertas actuaciones realizadas en la Alemania nazi, pero no lo digas. Piénsalo. Como lo pienso yo. Pero no lo digas.
Te en cuenta que este sacrificio que te piden es para ahorrar gastos a la Sanidad Pública. Esa misma Sanidad por la que luchaste y a la que has ido aportando, y sigues aportando, una cantidad de la miserable paga que te ha quedado.
Solidaridad creo que lo llaman. Yo no. Lo llaman así aquellos que ganan 108.000 euros al año. Los que hacen las leyes, no los médicos que en muchos casos no llegan ni a la tercera parte.
“Todos debemos hacer sacrificios”, dice quien gana 144.000€ al año.
Espero que me entiendas, papá. Esto no es cosa mía, en serio. Solo quería que lo supieras.
Ya me gustaría que estos mismos señores que hacen las leyes pudieran hablarle así a sus padres. No lo harán. Su cobardía les ampara. Y también sus grandes sueldos.
De todas formas, no te preocupes. Haré un esfuerzo, como me piden, y te contrataré una Mutua Privada. Es lo que buscan. Y a mí no me quedará más remedio que renunciar a mis principios y repudiar aquella Sanidad Pública y Universal que proclamó Lluch hace ya muchos años.
Os voy a contratar un Seguro Médico a ti y a mamá. Me va a salir caro, lo sé, precisamente por la edad que tenéis. Ya lo saben hacer bien. Pero no te preocupes por esto, no voy a permitir que un señor, por muy Conseller que sea, decida cómo y cuándo nos vas a dejar.
Así de duro y así de claro.
Ojalá estos políticos y estos técnicos que dan una patada en la boca a los profesionales de la Salud puedan un día sentarse cara a cara con sus padres – o con sus hijos – y  decirles lo que yo te acabo de contar. Ojalá.
¡Va! Te dejo ya. No quería alargarme tanto e imagino que estarás aún dando vueltas a lo que te acabo de decir. Cuídate, cuidaros mucho los dos… por la cuenta que nos trae.

Un beso, viejo!

PD: Perdóname si no he seguido una coherente línea argumental, pero la indignación al leer este artículo me impide pensar con claridad a estas horas d ela noche, y quería dejar esto escrito para cuando te levantases.

jueves, 6 de octubre de 2011

Buscar Empleo Vs Encontrar Empleo

Quizás os sorprenda con esta nueva entrada en el blog, pero en los tiempos que corren toda ayuda puede ser bien recibida. Mi deseo sería que nadie necesitara de estos consejos, pero aún así, espero que entendáis los motivos que me llevan a abrir un pequeño paréntesis en mi habitual línea férreo-cómica, de la cuál me siento especialmente orgulloso, a pesar de los aires de payaso que habitualmente me acompañan.
Hoy quiero ofrecer unas pequeñas informaciones a todos y todas aquellas que se encuentran buscando empleo. No es una tarea fácil, es más, es una complicada misión, pero estoy convencido que con la colaboración de todos, y, sobre todo, sabiendo qué, cómo y dónde hacer las cosas, los caminos a seguir serán menos farragosos.

Empecemos por las Oficinas de Trabajo. Estas están en un proceso de mejora permanente. Su objetivo principal es la reinserción al mundo laboral del mayor número de personas posibles. En época de crisis esta tarea es compleja y, como sabéis, muy difícil. Las políticas activas de ocupación (la reinserción de los ciudadanos al mundo laboral) se fundamentan en la orientación laboral, pero también en la posible y/o necesaria re-orientación profesional a través de la Formación, con el fin de mejorar las competencias básicas y transversales de los demandantes de ocupación. Mejoras estas que amplían la ocupabilidad y accesibilidad dentro del Mercado Laboral de los nuevos demandantes.

Cuando una persona acude a una Oficina de Trabajo ha de solicitar Orientación Laboral. Además de guiarle en la elaboración de su currículum, le facilitarán herramientas y conocimientos que faciliten la búsqueda de un nuevo empleo así como pautas para elaborar su proyecto profesional haciendo hincapié en cuáles son sus competencias y cualidades más fuertes y cuáles ha de mejorar en función de su ocupabilidad y su propio proyecto profesional.

Los orientadores laborales tienen la capacidad y la formación necesaria para valorar lo qué "ofrece" el demandante, trazando un perfil específico, a la vez que pueden intermediar entre todas las ofertas de la red de Oficinas de Trabajo con los perfiles de los demandantes de ocupación.

Finalmente, los propios orientadores laborales tienen un acceso prioritario al portal "Feina Activa", web dedicada al Empleo y que aglutina ofertas de trabajo públicas y privadas.

Cómo referencia, esta web es la página de la Generalitat más visitada y actualmente existen 15.688 ofertas de empleo.

Espero que esta pequeña información, a veces desconocida, pueda servir de punto de partida para todos aquellos y aquellas que están enfrascados en la búsqueda de un empleo... y sobre todo que tengan la oportunidad de poder hacer lo que todos queremos hacer: trabajar.

Mucha suerte a todos y todas

viernes, 9 de septiembre de 2011

Al César lo que es del César...

... y a Adif lo que es de Adif.


Esta mañana me ha tocado hacer el primer tren de Barcelona a Reus. Cuando me han asignado el vehículo, 470095, todo estaba en orden. Cómo es norma, lo he revisado antes de darlo dispuesta a Circulación. Pero, justo en el momento de salir, 7:17h, se ha producido una avería en el sistema de frenado. Tras probar hasta en tres ocasiones, la avería persistía por lo qué he avisado a mi Centro de Gestión y hemos decidido cambiar el vehículo para no demorar la salida.
Así lo hemos hecho y  diez minutos después ya estaba dispuesto para salir. Esta vez con el 448013. He avisado a Circulación, y a las 7:30 hemos salido de la Estació de França. 13 minutos de retraso qué son imputables a una avería del vehículo, por tanto, responsabilidad de la Operadora.
Durante este espacio de tiempo, ha salido delante de mí el Rodalíes con destino Sant Vicenç, y en la Bif. Aragó, ha pasado también el Rodalíes destino Aeroport. A consecuencia de esta circunstancia y a pesar de haber recuperado parte del retraso, he salido de Barcelona Sants, con 14 minutos, uno más que de origen.
Evidentemente, los clientes mostraban cierto enojo, pero no le he dado mucha importancia. Conozco la línea, conozco el vehículo y sé que se puede recuperar, en condiciones normales, el retraso que llevaba acumulado.
Al paso por El Prat de Llobregat, el Rodalíes del Aeroport ha entrado por la vía 3, dejando libre la vía 1, general, para el paso del mío. A la salida de El Prat le he adelantado. Ya había recuperado 4 minutos.
El paso por las estaciones se iba haciendo con normalidad. El retraso iba disminuyendo y según mis cálculos, podía llegar a S. Vicenç a la hora.
El paso por Sitges se produce con 4 minutos de demora. Ya habíamos recuperado 10.
Yo esperaba que en Vilanova, dónde, tanto el Rodalíes como yo tenemos parada, podía adelantarle y ponerme prácticamente a la hora. Pero no ha sido así. El Rodalíes ha salido delante y me ha vuelto a retrasar. En este momento ya circulábamos con 15 minutos de demora. Es decir, entre Sitges y Vilanova (6kms) había perdido 11 minutos.
Hasta S. Vicenç he circulado a la distancia de seguridad del Rodalíes. Recordemos qué éste para en todas y yo llevaba un tren directo.
Llegamos a S. Vicenç justo detrás de él y salimos de allí con 19 minutos de demora. El retraso ya era importante y la indignación de los clientes iba en aumento. Cómo la mía.
Ya no llevaba nada delante. De Tarragona hemos salido con 15 minutos y hemos llegado a destino con 10.
Hasta aquí la cronología del viaje. Pero, ¿se podía haber hecho más? Bien, ahora entro en el terreno de lo qué es opinión, y cómo todas, pueden ser acertadas o no, aunque, creo que de poco me puedo equivocar.
La circulación de los trenes es responsabilidad exclusiva de Adif. Es, digamos, la dueña de las vías y es quien gestiona y regula las distintas circulaciones de trenes. En el caso que nos ocupa, si Adif hubiera apartado el Rodalíes en Garraf, Sitges e incluso en Vilanova, el Catalunya Exprés hubiera llegado a la hora. Esto es un dato incuestionable a razón de la marcha y velocidad del S-448, muy superior a la de las S-451.
Ciertamente, el responsable de Adif tampoco está “pendiente” de mi tren. Lo está de todo un número importante de circulaciones en un determinado tramo del trayecto y esta circunstancia podría disculparle si no fuera porque en esos momentos solo había una circulación con retraso y  puede observar la marcha que ésta va realizando. Tan solo observando que antes de Garraf ya íbamos a la distancia de seguridad, podía haber tomado otra decisión y seguramente ambos trenes hubieran llegado a sus destinos en el horario previsto.
No es aceptable perder 11 minutos en un trayecto de 6 kilómetros, como tampoco lo debería ser dar prioridad a determinados servicios en perjuicio de otros.
Y es aquí donde todos, Circulación y Operadoras, deberían coordinarse con más juicio, con más acierto. No es admisible que, a la vista del cliente, tan solo haya un responsable, cuando en ocasiones, en muchas, la responsabilidad es totalmente ajena a la Operadora.
No recuerdo haber leído ningún artículo en ningún medio que se eximiera de culpa a Renfe, menos aún que alguien levantara el dedo asumiendo su parte de responsabilidad y esto es lo que me ha llevado a redactar este post.
No pretendo criticar la labor de los reguladores de Adif, ni tan siquiera a la propia empresa. Seguramente no me corresponde a mí hacer esto, pero sí que reclamo qué todas las partes asuman su responsabilidad cuando les toque y qué no siempre se disparen los dardos en un único sentido. El estar leyendo y escuchando día tras día lo mala qué es la Renfe, el pésimo servicio que da, o los continuos retrasos en las líneas, también mina la confianza de los propios trabajadores. Sobre todo los de Conducción, quienes, la gran mayoría, y como he dicho otras veces, tan solo queremos empezar y acabar nuestra jornada dentro de los horarios previstos y sin ninguna incidencia a remarcar. Muchas veces, en los corrillos entre Maquinistas se oye aquello de “para qué voy a correr si luego me van a parar aquí o allá”, y esto no es bueno, ni para el trabajador, ni para Renfe, ni por supuesto para los clientes.
Hoy he llegado tarde. Solo 10 minutos. La incidencia del vehículo es culpa de la Operadora, no me cabe duda, pero, insisto, si Adif hubiera gestionado la regulación de otra manera, la incidencia hubiera repercutido mínimamente en la circulación del tren. Tan solo han sido 10 minutos, no me van a sacar en los periódicos, pero, si lo hicieran, ¿cuál sería el titular? “Renfe vuelve a los retraso”, “Otro tren de Renfe llega tarde”, y así un largo etcétera. Pero, ¿la culpa ha sido exclusivamente de Renfe? No.
Para acabar y como complemento de lo anterior, en Reus, de regreso, hemos tenido un problema durante el acoplamiento de los dos vehículos 448. Hemos salido con 15 minutos de demora, por Tarragona hemos pasado con 14, por S. Vicenç con 13 y hemos llegado a Sants 5 minutos antes de la hora prevista. Este es un ejemplo de buena coordinación y de buena gestión entre ambas empresas.
Pero, cómo se suele decir, hoy ha sido una de cal y otra de arena.

Espero que estas “cosillas” se vayan puliendo con el tiempo. Estoy convencido de ello, pero, mientras tanto, tan solo nos queda pedir disculpas cuando toca y, como trabajador, pediros confianza.
Lo que hacemos mal, queremos hacerlo bien, y lo que hacemos bien, queremos hacerlo mejor.


jueves, 14 de julio de 2011

Mi primer viaje en Barco. Por decirlo de alguna manera.

Mi madre tiene una teoría respecto a mi pánico al mar. Según ella, cuando a mis once años fui, totalmente solo, al estreno de Tiburón de Spielberg en el Cine Balañá, algo se me quedó grabado en el subconsciente qué hace que sufra un miedo terrible al mar.
No sé si esta teoría está bien fundamentada, pero lo cierto es que no tengo ningún recuerdo relacionado con el mar, salvo que no me gusta entrar en el agua.
Me apasiona el mar, me gusta el olor salado de las olas golpeando las rocas y me gusta sentarme en una de esas destartaladas terrazas con sillas y mesas de plástico mientras leo la prensa del día o un buen libro, y me tomo una cerveza fresquita.
Sí, soy un espécimen raro. Pero, ¿quién no tiene escondido un oscuro secreto, no tanto inconfesable como avergonzarte?
Recuerdo ahora una conversación que tuve hace un año con un apreciado amigo. El 16 de julio del año pasado, festividad de la Virgen del Carmen patrona de los marineros, quedé finalista de un Concurso Internacional de Relatos Breves relacionados con el mar. Mi amigo, sorprendido de qué escribiera sobre el mar siendo conocedor de mis fobias, no lograba entender como era capaz de narrar algo qué no había vivido. Ciertamente era extraño, pero le contesté que cuando Julio Verne escribió “De la Tierra a la Luna”, tampoco había tenido oportunidad de realizar aquel viaje. Y no penséis que me estoy comparando con él. ¡Por favor!

Bien. Toda esta parrafada viene a cuento de mi experiencia de hoy. Hoy, día 13 de julio, me he subido por primera vez a un barco. Un pequeño y acogedor barco de vela. Era el cumpleaños de Lucía (léase Luchía, puesto que es italiana) la pareja de un buen amigo mío, Óscar. Este lo podéis leer así tal cual, puesto que es navarro. Ah! Y también nos acompañaba Ade, la más valiente, la qué no tiene miedo a nada, la que se apunta a una excursión en barco o un bombardeo en Birmania. ¡Qué valor que tiene!

Sigamos. La experiencia consistía en un viaje en el pequeño velero por la costa de Barcelona, desde el Port Olímpic hasta el Hotel Vela (Hotel W) y de ahí frente a las costas del Maresme para fondear y comer en el mismo Barco. El Capitán, Martial, es el encargado de la navegación y de la comida. Si os digo la verdad, a estas alturas aún no sé si es italiano o francés. Durante la conversación hemos mezclado varios temas y ha habido un momento que me he perdido. Luego lo entenderéis. Cómo decía, Martial había preparado varios platos de comida italiana. Platos de esos con nombres raros y fácilmente olvidadizos, pero que al parecer estaban francamente deliciosos.  De todos ellos, por las veces que lo han mencionado, recuerdo la focaccia. Un tipo de pan que hace Martial de forma artesanal y que debía estar de vicio. Se lo han comido todo. Además de la comida, se sirvieron un vino italiano de la región de Florenzia, y una botella de Champagne. Esto es lo único que voy a criticar… si me lee el Capitán Martial: “¡Capitán! ¡¡¡Hay que servir cava!!! Y si puede ser, que sea Montferrant" (publicidad gratuita para un buen amigo mío) Ya está. No es mucho pedir, ¿verdad? Después, al acabar la comida, Martial nos ha deleitado con un pastel “de chocolate, con chocolate y recubierto de chocolate” que ha hecho las delicias de la homenajeada… y del resto.
El día ha empezado bien. Las aguas estaban calmadas, el cielo despejado y el viento era apenas apreciable. Hemos salido de la bocana del puerto con los motores, y ya en alta mar hemos desplegado las velas. Desde la distancia, podíamos observar el skyline de Barcelona. Jugábamos a “encontrar” edificios relevantes y la vista de la ciudad era muy diferente a la habitual. Ade y yo íbamos describiendo lo que veíamos a Lucía y Oscar. Y, por su parte, ellos nos describían sonidos y olores que casi no lográbamos percibir. Como curiosidad, el sonido que provenía de la gran ciudad era un intenso y continuo zumbido, lo cual era una clara muestra de la enorme contaminación acústica que sufrimos los barceloneses. Por el contrario, el sonido del mar era de un silencio extraño, pulcro, solo interrumpido por el viento golpeando las velas y por alguna gaviota perdida en busca de algo que llevarse al pico.
Era un contraste maravilloso… aunque poco he podido disfrutar de ello.
Después de comer, el viento ha empezado a erigirse en coprotagonista de nuestro viaje. Al menos ha respetado el sagrado momento de compartir del menú entre la ciudad y vete tú a saber qué había al otro lado del Mediterráneo.
La fuerza insistente y en aumento del viento nos ha obligado a retomar nuestro rumbo hacia puerto. Martial, el Capitán, iba explicando los entresijos marineros de las maniobras a realizar. Por el tamaño de su barco, la dirección del viento y el rumbo a seguir hacia la bocana, había que situar la proa en un ángulo de 90 grados en relación a la bocana, para poder entrar con viento a favor y en un ángulo de 45 grados. Las olas iban aumentando de tamaño, y de tanto en tanto salpicaban nuestros cuerpos y rostros dejando un regusto salado pegado a nuestra piel. Martial iniciaba las maniobras y nuestra aventura iba tocando a su fin.
Seis horas después de iniciar esta experiencia estábamos a punto de atracar en el Port Olímpic. Hay que ver, por cierto, lo difícil que es “aparcar” un barco. Ya me gustaría saber cómo atracan esos enormes transatlánticos que cruzan los mares de costa a costa.

Cuando Martial, el Capitán, ha dado por concluida la operación de atraque… he salido corriendo de mi cubículo, he cruzado el pequeño velero de popa a proa, he dado un salto hasta tierra firme, y en una perfecta simbiosis entre Juan Pablo II y Rodrigo de Triana me he arrodillado a besar tierra firme. Afortunadamente de esto último no hay constancia gráfica… ya en previsión de ello, les había retirado las cámaras a mis acompañantes. Uno, aún tiene un prestigio y una reputación. Cada vez menos, pero algo queda.

Sí, amigos. Toda la experiencia aquí relatada es fruto de las conversaciones que iba escuchando desde mi habitáculo y de la charrada que nos hemos pegado al acabar. Yo apenas he podido disfrutar del viaje. A los 15 minutos de estar en alta mar se me han agarrado al estómago todos los intestinos y demás órganos internos, y me he pasado cinco horas y media tumbado en una cama en el camarote del velero. Sudando, tapándome el sol con mi “sombrero de vacaciones”, descamisado, escuchando comentarios y compartiendo muchos de ellos desde la distancia. Pero mi cuerpo ha dicho basta. Ha sido imposible, a pesar de los intentos, mantener la calma y la entereza a bordo. No he podido disfrutar del viaje, pero sí de las conversaciones con unos buenos amigos y de un breve pero entretenido intercambio con el Capitán.
De esto he podido extraer una determinante conclusión, bueno dos. Primera, sigo manteniendo mi pánico al mar, y dos, este es mi primer y último viaje en Barco. Por tanto, cruceros baratos con todo incluido y esas cosas, quedan descartados de mis futuras vacaciones. Que quede constancia de ello en los cuadernos de bitácora.
Ah! Eso sí. Yo no he probado las deliciosas viandas del Capitán, pero, cuando he llegado a tierra, me he sentado en el primer restaurante que he visto y me he cascado dos cervezas y dos bocatas, uno de jamón y otro de queso, acompañado de unas olivitas. Ahora sí que estaba yo en mi salsa, con los pies en el suelo y con el olor a fritanga revoloteando a mi alrededor.

Acabo ya. A todos aquellos que os gusta el mar y queréis vivir una buena experiencia os recomiendo que contactéis con el Capitán Martial, pero os pongo una sola condición… ni se os ocurra invitarme. ¿Vale? ¡Pues eso!

miércoles, 29 de junio de 2011

El Ferrocarril. Rentabilidad económica vs Rentabilidad social

Hace unos días se ha sabido que Renfe suprimirá un servicio de Alta Velocidad en el trayecto de Toledo-Cuenca-Albacete. Algunos titulares decían qué “Renfe elimina la línea de AVE…”, otros qué “Renfe cierra una línea a los 6 meses de abrirla…”, y alguno más que hacía especial mención al coste de la construcción de esta línea qué ahora, presuntamente, se iba a desmantelar. Nada más lejos de la realidad.
El error en la comunicación de la noticia, o en la recepción de la misma, ha estado en la utilización de un lenguaje más bien técnico: las “líneas” de Renfe no se corresponden con las infraestructuras. Es decir, cuando Renfe afirma que “suprime una línea”, lo qué está diciendo es que suprime un servicio determinado, no que va a borrar del mapa toda una serie de instalaciones, vías, estaciones, etc.
En el caso concreto de la noticia del inicio, Renfe, dejará de prestar servicio de AVE pasando a prestar un servicio de Avant, mucho más económico en su explotación, como también para los clientes que lo utilicen. En otras palabras, se modifican servicios, se sigue comunicando las ciudades citadas, pero a un coste menor tanto para la Empresa como para los ciudadanos.

Reacciones

Las reacciones de una parte de la población han sido, en mi opinión, bastante alarmantes. La gran mayoría de comentarios giraban en torno a la poca o nula previsión de la Empresa, así como también, a los costes derivados de la puesta en marcha y el cierre del servicio ofertado. Algunos van más allá. Aprovechando esta circunstancia se ha abierto un debate donde el centro de la cuestión era si el Ferrocarril se puede mantener bajo una demanda inferior al 20% de la oferta, y si esto podría tener una cierta rentabilidad económica.
Bien, la respuesta es no. El Ferrocarril difícilmente será rentable en términos económicos. Es imposible que con la recaudación por venta de billetes se pueda mantener un servicio como este, y menos aún mejorarlo.
Pero, ¿es posible que aplicando otros parámetros y nuevas variables se pueda conseguir una rentabilidad colectiva? Bien, la respuesta es sí.

Rentabilidad Social

El Ferrocarril hay que verlo como un elemento cohesionador del territorio. Un hilo conector entre los ciudadanos qué, por motivos diversos, deben de tener la capacidad de poder moverse de un punto a otro de la manera más rápida, segura y efectiva. Es lo que llamamos la movilidad, y en este caso la movilidad sostenible. Decía antes que algún comentario del debate hacía una feroz crítica a la capacidad/ocupación de los trenes. Incluso se empujaba hacia el cierre de líneas (servicios) qué no aportaran, al menos, un mínimo de rentabilidad, poniendo como (mal) ejemplo el caso de Albacete-Cuenca.
No voy a tratar este tema desde el prisma de la “ignorancia independentista sobrevenida”, qué también la hay, sino sobre la ignorancia de quién solo ve lo que tiene a su alrededor.
Si hiciésemos caso de estos comentarios, algunos en columnas de periódicos de reputado prestigio, hoy deberíamos cerrar servicios entre ciudades tan importantes cómo Figueres-Portbou, Reus-Mora, Manresa-Tárrega o Sant Vicenç-Valls.
Esta situación sería un completo disparate, cierto, pero si hacemos caso de la demanda, de los índices de ocupación y lo metemos en la coctelera junto a la rentabilidad económica, el resultado sería aberrante: dejaríamos a una buena parte de la población catalana sin posibilidad de conectar, insisto, por el medio más seguro, al resto del País.
Ahora bien, a la pregunta si el Ferrocarril es rentable para el conjunto de la sociedad, debemos separar dos líneas argumentales.
La primera, y a modo reducido, ya se ha comentado, salvo el año 2010 en el qué el producto AVE consiguió cerrar por primera vez un ejercicio con beneficios, el resto de servicios no lo conseguirá nunca. Por muchos y variados factores, pero el más determinante es el carácter más social que económico que el Ferrocarril ha exhibido históricamente.
Y la segunda es mucho más prolífica. El transporte por Ferrocarril obtiene año tras año un beneficio social y ecológico que, también, deriva en un beneficio económico. Quizás no sea tan tangible como el cálculo gastos/ingresos, pero, si observamos en profundidad entenderemos que la apuesta decidida de los gobiernos por el transporte ferroviario es una apuesta ganadora. Voy a remitirme a los datos del 2010, últimos que tengo en mi poder, para poder hacer un paralelismo.
En 2010, de no haber circulado los trenes de Renfe, se habrían producido 299 millones circulaciones de automóviles, 472.000 de camiones de mercancías y 82.300 servicios aéreos más de los que se registraron en el 2009.
También, todos los servicios ferroviarios permitieron evitar la emisión de 2,3 millones de toneladas de CO2 a la atmósfera y ahorrar en consumo energético más de 162.000 toneladas petróleo, colaborando de forma muy activa en la batalla contra el Cambio Climático y ayudando, en la medida de las posibilidades al cumplimiento de los Protocolos Medioambientales del Estado y de la UE.
Estas circunstancias, difícilmente tasables en términos económicos, se han visto reforzadas por un mejor aprovechamiento de los costes externos, y por la puesta en marcha de nuevos servicios – y vehículos – con un menor coste de explotación, consiguiendo en término reales un ahorro para la sociedad de más de 2.300 millones de euros.
Cómo complemento, diré que el desglose del ahorro de los costes externos se ha generado de la siguiente forma: Cercanías (816,1 millones de euros), Mercancías (711,3 millones), Alta Velocidad-Larga Distancia (568,1 millones) y Media Distancia (202,3 millones).

Y aún hay más. Los servicios de Renfe durante el 2010, y en términos tan fríos cómo los estrictamente económicos evitaron, al conjunto de la sociedad, unos gastos de 647M€ en concepto de accidentes, 591M€ al cambio climático, a la contaminación atmosférica una cantidad cercana a lo 500M€, a la congestión urbana, 360M€, y a otro efectos y derivados más de 210M€
Números fríos. Las estadísticas es lo que tienen. Pero, la realidad es tozuda, y cuando se pone encima de la mesa todos los datos respecto a una circunstancia concreta, la visión que tenemos de ella puede variar considerablemente.

Ganamos todos

Con el Ferrocarril ganamos todos. Ahora debemos dar un paso más y abrir los ojos. No todos nuestros conciudadanos viven en nuestro barrio. Hay otros barrios, pueblos y ciudades que también tienen el mismo derecho a acceder a un transporte como el Ferrocarril. Por eso no entiendo alguno de los comentarios que he leído.
Antes he nombrado cuatro trayectos de cuatro líneas que transcurren por nuestro territorio, de verdad ¿alguien está dispuesto a, por una simple cuestión económica, condenar al ostracismo a estos territorios?

Yo no.